El viaje de un refugiado

Mucho se ha especulado de cómo es la llegada de un refugiado a Canadá, una vez que es aprobado en la embajada inicia una hermosa experiencia. La sociedad canadiense  está preparada para ayudar a una ví­ctima de algún conflicto, lo reciben, lo protegen y le dan herramientas para que se defiendan en la nueva sociedad.

Marcos Martínez salió de la embajada de Canadá en Bogotá, ubicada en el sector norte de la ciudad, lo acompañaba su esposa y tres hijos llevando en un sobre su futuro.

Tres años atrás fueron desplazados por un grupo armado y uno de sus hijos fue asesinado frente a toda la familia. Fabio Zapata, un defensor de Derechos Humanos perteneciente a Corpojurídico, los ayudó en Bogotá hasta que fueron llamados para la entrevista.

Casi 30 meses sin tener una respuesta de la Embajada hasta que cualquier dí­a alguien llamo y en un español con acento francés dijo “en 8 dí­as tienen cita, vengan con todos sus hijos y pruebas”.

La entrevista que nos hicieron fue muy dura, dice Marcos, casi dos horas preguntando y repreguntando: fechas, direcciones, hechos, pruebas, hasta que el funcionario de emigración quedó satisfecho; les dijo “su caso fue aceptado, son personas protegidas”. Marcela, la esposa de Marcos, también fue interrogada para buscar fisuras en los hechos comentados.

En un sobre de manila les entregaron exámenes médicos que debían realizarse, una vez hechos debían esperar un promedio de ocho meses para que les dieran la fecha de salida.

– No habí­an pasado este tiempo cuando nos llamaron, esta vez fuimos Marcela y yo, nos entregaron los pasaportes con las visas y una orden para acercanos a la Oficina Internacional de Migraciones (0IM por sus siglas en español)

Al llegar a la OIM con las visas en mano una funcionaria nos explico, los pasajes son un préstamo del gobierno canadiense el cual tendríamos que pagar al llegar a Toronto, así mismo el hotel y otros viáticos nos serí­an prestados con carácter devolutivo.

Una cosa si fue reiterativa, se nos entregó una bolsa plástica con las siglas de la OIM que debí­amos mostrar en el aeropuerto de Toronto para que las autoridades nos reconocieran.

En el aeropuerto el Dorado de Bogotá presentamos las visas, abordamos el avión y ocho horas después llegamos en Toronto, como se nos dijo sacamos la bolsa para que las autoridades nos reconocieran.

aeropuertocanadaUn oficial de emigración en un buen español les dijo “bienvenidos a Canadá, están bajo protección del gobierno canadiense”. En ese momento las lágrimas brotaron.

En el aeropuerto se nos llenó unos documentos y desde el momento en que pisamos suelo canadiense recibimos el estatus de residentes.

Antes de salir del aeropuerto los llevaron a un cuarto donde les entregaron toda la ropa de invierno: botas, guantes, chaquetas, bufandas, gorros, etc.

En el área pública unos voluntarios de una entidad sin ánimo de lucro los estaban esperando, los llevaron a un shelter (hotel comunitario) donde los esperaban con la cena.

Era una linda navidad en Toronto, la nieve se acumulaba en las ventanas, era  la primera vez en su vida que la veí­an.

Después del desayuno los voluntarios los acompañaron a sacar su tarjeta de salud, enviar la solicitud del número de  seguro social (Social Insurance Number “SIN”) y abrir la primera cuenta bancaria.

El segundo día fuimos a la ayuda social y nos dieron el primer mes de arriendo y el mes de depósito, otro dinero para ayudarnos a instalar; en total unos 5 mil dólares.

Ya con ese dinero en mano nos ayudaron a buscar un apartamento, ese mismo dí­a localizamos uno y al otro dí­a dejamos el shelter; cuando llegamos encontramos camas nuevas, todo lo necesario para la concina, muebles, sábanas, etc.

El primer mercado fue inolvidable, nos llevaron a una tienda y nos enseñaron que productos eran económicos y cuales costosos. Al terminar nos condujeron a las tiendas Zeller, allí nos dieron zapatos, jeans, camisas y más ropa de invierno, todo dentro del programa del gobierno federal.

¡Yo no podía creerlo! todo parecía un cuento de hadas, si alguien me lo hubiera contado pensaría que era mentira, sólo nos dolí­a que hubiéramos llegado a Canadá por la muerte de nuestro hijo y que hubiéramos dejado todo atrás porque un grupo violento nos robo la tierra donde habíamos vivido por generaciones.

Cuando los chicos empezaron clases siempre hubo una persona que nos tradujo con los profesores, nos dieron los útiles escolares, el transporte y muchas cosas más.

Lo que más recordamos con cariñoo dice Marcela, fue el banco de alimentos, es un lugar donde las grandes empresas donan comida para las personas de bajos ingresos, nosotros hacíamos un voluntariado de 3 horas cada semana, allí hicimos muchos amigos de todas las nacionalidades que como nosotros estaban recién llegados.

Han pasado casi 5 años, ya los muchachos hablan un perfecto inglés y aunque sus padres no lo hacen tan bien, de igual modo se han logrado conectar a esta hermosa sociedad.

Después del primer año nos salimos de la ayuda, yo conseguí­ un trabajo en un vivero donde producen plantas ornamentales, mi esposa está trabajando medio tiempo en un hotel y mis hijos los fines de semana hacen algunos trabajos, indica Marcos.

Nosotros estamos muy agradecidos con el pueblo canadiense, nos cambiaron la vida, ahora cada vez que hacemos mercado vamos al banco de alimento y hacemos donaciones, cuando pagamos nuestros impuestos lo hacemos con alegría porque es un país en el que vale la pena devolver todo lo maravilloso que a uno le dan.

Ya pagamos todo lo que nos prestó el gobierno para poder viajar a Canadá. Sólo queremos decir que Canadá es el lugar más maravilloso del mundo

Los hechos narrados son reales. Los nombres de la familia se cambiaron para proteger su intimidad. El defensor de Derechos Humanos, Fabio Zapata, vive en la ciudad de Quebec, gracias a él más de 300 familias viven seguras en todo el mundo como refugiados.

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